Un blog sobre la New Age (Nueva Era) y los esoterismos varios que hoy, como una epidemia que afecta al raciocinio y a la lógica, se expanden... Bienvenidos sean usted y Guillermo de Occam.

sábado, 5 de mayo de 2007

Historia y esoterismo III


¿Y Lemuria?


Pues igual, aunque con los matices propios de sus variados portavoces.


Unos la convierten en el origen de los pueblos americanos (Shirley Andrews) y otros la extienden desde el Océano Índico hasta Australia (H.P. Blavatsky). No es necesario añadir que también desapareció (o no) y que sus habitantes eran iguales o más evolucionados aún que los atlantes... No obstante, los lemurianos parece que corrieron mejor suerte, pues se convirtieron en seres multidimensionales (Stephen Rother) o se les puede “encontrar” en ciudades intraterrenas, tal y como afirma M. Doreal, que sostiene que ha ido de visita a una urbe lemuriana.


Si no lo creen, busquen el Monte Shasta, al norte de Californa y conecten con su yo interior, que es el mejor camino para que los lemurianos acepten hacerse ver... Y no traten de excavar la montaña a la búsqueda de esta ciudad o de otras muchas que dicen que hay... pues se encuentran en una dimensión diferente a la tridimensional de los humanos y el Monte Shasta es una puerta interdimensional que sólo pueden cruzar los iniciados...


La hipótesis del continente Lemuria (o Mu) nació en el s. XIX por el desconocimiento de la deriva continental y después de constatar la presencia de unos primates, los lemúridos, en Madagascar y en algunos archipiélagos del océano Índico. ¿Cómo llegaron allí si se trata de islas? Pues se les ocurrió la posibilidad de un lugar pre-existente y hoy hundido que permitiera el trasiego terrestre de estos animales entre África y la India (E. Haeckel). Una vez que se descubre que los continentes se desplazan esta hipótesis debiera haber pasado a mejor vida pero, como casi siempre, surgió la oportuna horda de visionarios que aprovechan cualquier afirmación para hacerse valer como científicamente solventes y avalados.


Madame Blavastky, fundadora con H. Olcott de la Sociedad Teosófica, practicó el ocultismo, la adivinación, la clarividencia, y sus doctrinas son, amén de increíbles, fuente de inspiración de todo tipo de grupos newageros. Entre sus “enseñanzas” se encuentra la clasificación de las distintas razas que se han dado en la historia de la humanidad (la aria, por supuesto, es la custodia de la evolución espiritual de la humanidad). Una de ellas, la Tercera Raza, que según Blavatsky vivió en la época en que los humanos caminaban con los dioses..., habitó en Lemuria. Allí aparecerían la división sexual (que no se daba antes...) y los primeros biotipos antropomórficos. Según dicen sus acólitos, esta mujer practicó el materialismo científico ...


Por si no lo saben, el materialismo científico sostiene que no hay ninguna realidad fuera de la materia. De este modo, para la ciencia sólo puede considerarse como fuente válida de conocimiento lo empíricamente asequible. Imagínense cómo puede pensarse siquiera que Blavatsky haya practicado esto...


La cosa es que suele concederse a estos “pueblos” un final fechado hace 12.000 años. Pero, ¿cómo era la humanidad en esa época? Pues es en esta época donde se sitúan las pinturas rupestres de Altamira... No parecen tiempos de mucha tecnología, ni aún extraterrestre...


Otro recurso muy frecuente es adjudicar a pueblos antiguos características y peculiaridades que no tenían. En esto se llevan la palma los egipcios, los mayas y los chinos. Aunque si hacemos caso a los “investigadores” de lo paranormal y a los newageros, los egipcios eran muy torpes. Eran tan torpes que no pudieron construir ellos solitos una estructura arquitectónicamente tan simple como la de las pirámides. Eran tan torpes que resulta impensable que pudieran hacerlo sin la oportuna ayuda de seres del espacio, o interdimensionales, o espirituales, o las tres cosas a la vez, con cuya tecnología, ahora sí, nos podemos explicar que finalmente pudieran hacerlo. De esta manera, la investigación acerca de cómo hicieron para levantar las pirámides queda satisfecha con la hipótesis extraterrestre, o interdimensional, o espiritual. Ya no hay que investigar más. Ya todo ha quedado resuelto. Que los egipcios no volvieran a hacer uso de esta técnica y que se perdiera para siempre en el olvido demuestra sólo lo torpes que efectivamente debían ser.


Una de las características del trabajo arqueológico es que se barajan siempre hipótesis probables acerca del cómo, del cuándo, del qué y del para qué, toda vez que es imposible viajar al pasado a realizar en directo una investigación de campo, si usted no es, claro está, un iniciado... Si un arqueólogo o un equipo de arqueólogos no sabe exactamente qué técnica se utilizó para la construcción o la decoración de una estructura, espera a tener datos suficientes para conjeturar una hipótesis probable. Obviamente, entre las hipótesis probables jamás se incluye la ayuda extraterrestre, interdimensional o espiritual. ¡Serán torpes los investigadores serios!


A veces la formación necesaria para realizar con éxito estos trabajos exige un esfuerzo y tiempo importantes. Pero ¿para qué dedicar tantas energías al trabajo intelectual si con extraterrestres y poderes mentales podemos explicarlo todo? Si prestamos atención, los que postulan la hipótesis extraterrestre se dedican además a otra multitud enorme de asuntos, siempre de la misma índole y para las que sería necesario una mínima aunque sólida formación. Pero no, éstos lo mismo saben de egipcios, de mayas, de chinos, de celtas, de historia antigua, medieval, moderna, contemporánea, de los astros, de física o de ingeniería, materias todas a las que los expertos dedican años de estudio sólo para formarse mínimamente. ¡En realidad los visionarios son fabulosos! En fin, saquen sus propias conclusiones.