Un blog sobre la New Age (Nueva Era) y los esoterismos varios que hoy, como una epidemia que afecta al raciocinio y a la lógica, se expanden... Bienvenidos sean usted y Guillermo de Occam.

jueves, 21 de junio de 2007

Horoscopólogos




El tiempo es cosa misteriosa e insolente, pues no pide permiso para pasar y si bien a veces corre que se las pela en otras ocasiones parece que se recrea y se prolonga casi al infinito.

Del tiempo se han ocupado, sobre todo, los funcionarios. También los agricultores, pero sobre todo Hacienda. De hecho, “calendario” proviene del latino “calendarium”, que hace referencia a las “calendas”, primeros días de mes (lunar) en el que el funcionario romano de Hacienda llegaba a cobrar el tributo provisto de su libretita (calendarium). Los romanos llegaron a fechar los días según el día de cobro (seis días antes de las calendas...). Tan era así que para decir irónicamente “nunca” se usaba la expresión “ad calendas graecas” (para las calendas griegas), porque los griegos no usaban esta forma de dividir los meses.

Cosa curiosa el tiempo.

Todos los pueblos tienen medidas para el tiempo. Para su administración y conocimiento nos hemos basado en los ciclos naturales, sobre todo el día y la noche, las estaciones, las floraciones, etc. Algunos pueblos incluso han destacado en su observación de los astros elaborando complejos mapas estelares y consiguiendo predecir con exactitud fenómenos como los eclipses o los equinoccios. Aunque la curiosidad mayor era, y es, el futuro.

De esta observación nacieron las constelaciones; en una época en que se consideraba que la bóveda celeste era una especie de semiesfera en la que las estrellas estaban fijas, como las pegatinas brillantes que se ponen en el cuarto de los niños para que los padres flipen y los infantes no peguen ojo con la sensación de profundidad que le dan al techo. La cosa es que los antiguos creían que las estrellas estaban fijadas a esa bóveda rígida y comenzaron a relacionarlas entre sí según les parecía que guardaban alguna correspondencia. Esta estrella con aquella otra y con la de más allá... zas, la Osa Mayor, que no parece pariente aún lejano de la familia de los plantígrados ni aparenta ser mayor; más bien asemeja una cazuela desvencijada. No obstante, las constelaciones permitían una buena orientación en las noches claras de mar y viaje y organizaban el caótico y extraordinario pulular de luces celestes.

De su carácter misterioso y desconocido devino el considerarlas divinidades o espíritus puros. A algunos se les ocurrió que los astros podían tener influencia sobre la vida de las personas. Nacieron los oráculos y los horóscopos (Del latino horoscopus, y éste del griego ὡροσκοπος, que observa la hora) asociados a las estrellas. Muchos han ganado el pan de sus casas estableciendo relaciones evidentísimas entre las constelaciones y las historias de cada cual y tratando de satisfacer el desea de resolver del futuro.

Pero las ciencias adelantan que es una barbaridad, que diría don Hilarión, y el modelo cosmológico que propició esta imagen del universo se mostró inadecuada y falsa. La Tierra dejó de estar en el centro del cosmos, aparecieron planetas nuevos (Urano, Neptuno y el indeciso Plutón, que ha dejado de verse como planeta), se encontró una explicación a las órbitas y desapareció la bóveda rígida que sostenía las luminarias nocturnas. El universo se descubrió enooooormemente grande y se vio con claridad que las constelaciones sólo son convenciones románticas, pero que las estrellas que éstas unían en bellas formas no guardaban la menor relación entre sí, menos con la pequeñísima Tierra y muchísimo menos con la vida de los hombres.

¿Acabó esto con la Astrología? No. Tras cada nuevo descubrimiento astronómico, los camaleónicos astrólogos adaptaban sus métodos para seguir llenando sus bolsillos. Si Urano era descubierto en el s. XVIII, es decir, siendo un absoluto desconocido para los horoscopólogos, pues se le incorporaba sin problemas y se pontificaba acerca de la influencia evidente de su alineación con los demás planetas. Esto debería haber llevado a concluir que los astrólogos anteriores al s. XVIII estaban equivocados, pero no... Y si Neptuno era descubierto por puro cálculo por Urban Leverrier en el s. XIX, pues lo mismo. Y si Plutón era visto por primera vez a principios del XX, idem eadem idem. Y les importa un poroto si Plutón es o no un planeta y lo que digan los científicos al respecto: Plutón es influyente tanto si es planeta como si es asteroide.

¿Qué significa esto? Pues que los astrólogos no se han visto en la necesidad de reformar sus tesis fundamentales a pesar de que los astrónomos han provocado enormes cambios en nuestra visión del cosmos. Siguen manejando las constelaciones como si siguiéramos viviendo en el mundo mesopotámico, como si la bóveda celeste continuara siendo rígida, como si la Tierra siguiera estando en el centro de todo, como si no supiéramos nada, como si de veras en las estrellas estuviera decidido el contenido de nuestro tiempo.

¿Cómo lo hacen? Siguiendo las siguientes pautas:

- nos aprendemos las constelaciones
- les atribuímos significado e influencia
- concedemos a los planetas cualidades morales
- imaginamos energías y fuerzas siderales en constante fluir
- relacionamos a la carta lo que nos salga del peroné
- elaboramos catálogos lo suficientemente amplios como para que nadie se considere excluído por las estrellas
- inventamos un vocabulario pretendidamente complejo-asequible
- nos saltamos a la torera todos los principios de la física
- ignoramos conscientemente la historia de la astronomía
- obtenemos conclusiones arbitrarias revestidas de actitud observante, objetiva y calculadora
- cobramos por los servicios

En realidad, la estrella distinta del Sol más cercana a la Tierra es Alfa de Centauro, que se encuentra nada menos que a 4,2 años luz y que influye en usted lo mismo que una vela de su salón en la terraza del vecino de enfrente. Imaginen lo que le importa el día que nací yo y qué planeta reinaría...

2 comentarios:

Juan Morales dijo...

Hola Javier, hola lectores y lectoras.

Primero aclaro que no soy un entendido en el tema, ni mucho menos.

Lo que sí, tengo la impresión de que el tema de la astrología pasa, para la gente que cree en ella (llamémosle "el consumidor"), decía, pasa por la irresponsabilidad personal, por echarle a otro (en este caso a "los astros") la culpa de las cosas malas que a uno le pasan, o atribuirles también a "los astros" las cosas buenas que le pasan a los otros.

Creo que también pasa un poco por desentenderse definitivamente de las causas de las cosas o de las situaciones.

Ejemplo: estoy sin dinero. Es muy arduo ponerse a pensar en la maraña de hechos que genera esta situación (la economía mundial, la de mi país, el gobierno y su administración, el PIB y otros similares, la situación del mercado con respecto al ramo en que me desempeño, mi pereza... y otras decenas de elementos). Es más fácil decir "estoy sin dinero porque los astros así lo quieren".

Javier Bulturido dijo...

Completamente de acuerdo. Aunque yo añadiría una causa más a las dificultades financieras: el gasto inútil en las consultas de los astrólogos.