Un blog sobre la New Age (Nueva Era) y los esoterismos varios que hoy, como una epidemia que afecta al raciocinio y a la lógica, se expanden... Bienvenidos sean usted y Guillermo de Occam.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Conspiranoia





Vivimos inundados por teorías conspiratorias. Cada poco tiempo algún avispado descubre un complot secretísimo que perpetra acciones gravísimas contra la humanidad con el fin de controlar los destinos del mundo. Suele tratarse de sociedades clandestinas que, amparadas por el secreto y por innumerables instrumentos de poder (dinero, política, ciencia, tecnología, alquimia, esoterismos varios, etc.) tienen en sus manos los hilos del teatro de la historia.

Las teorías conspiratorias están además protegidas por dos artimañas lógicas astutamente utilizadas:

- son indemostrables, aunque la falta de datos que las demuestren son presentadas como prueba de su carácter secreto
- son infalsables, si se pretende demostrar su falsedad se utiliza el intento de falsación como prueba de que verdaderamente hay conspiración y se desea ocultarla

Las conspiraciones no son sólo asunto de los himbeztigadores de lo misteriosamente misterioso, a veces nos sorprenden con estas teorías gentes de toda clase.

Cuando la película Haz lo que debas se quedó por muy poco sin conseguir la Palma de Oro en Cannes en 1990, su director, el norteamericano Spike Lee, invocó inmediatamente el racismo para explicar su “fracaso”. Su película era la mejor a su juicio, pero habían conspirado contra él porque es negro.

¿Cómo se demuestra lo contrario’

El 12 de agosto de 1994, cuando la lira italiana experimentó una brutal caída, el ministro de Trabajo, Clemente Mastella, miembro de la Alianza Nacional (extrema derecha), acusó al «lobby judío internacional», sospechoso de sentir escasa simpatía por los neofascistas italianos.

¿Cómo probar que no es así?

Zviad Gamsajurdia, difunto presidente de Georgia, atribuía su apartamiento del poder a un complot transnacional teledirigido desde Washington, que pretende establecer su reinado sobre el mundo entero: «El guión del golpe de Estado permanente en Georgia ya había sido experimentado en más de una ocasión en otros lugares del planeta. (...) Todo eso nos ha sucedido porque no queríamos someternos a las imposiciones de los países occidentales (...) convirtiéndonos en una colonia. A Occidente le conviene sólo un poder servil. Ésa es una de las razones del golpe de Estado militar que ha llevado al poder a la persona de Shevardnadze, que es un agente de la CIA, un agente directo del imperialismo euroamericano».

¿Cómo desmentir esto?

Cualquier desgracia propia o ajena, real o imaginaria, puede ser atribuida a algún grupo conspirador, desde un acuerdo de los vecinos para complicar la existencia hasta una estrategia de los profesores para suspender a un alumno al que se tiene manía, pasando por las más variadas y sorprendentes conspiraciones de judíos, sionistas, illuminati, banqueros, científicos, antiguos miembros del KGB, la CIA, la NASA, etc.

No faltan himbeztigadores que dediquen su sapiencia a cuanta cosa se les ocurra que es conspiratorio. Y es que raro es el himbeztigador de lo misteriosamente misterioso que no ha descubierto alguna conspiración secretísima.

Pero ¿cómo se crea una conspiración?

Lo primero es buscar un área sensible: la injusta distribución de los recursos, la manipulación política, los medios de comunicación, la iglesia, la salud… Enlazamos hechos más o menos conocidos, siempre a posteriori, de manera que dé la impresión de que éstos se encuentran conectados de alguna manera. Es necesario señalar que estos hechos contienen zonas de misterio misteriosamente misterioso. Procuramos que las víctimas tengan un determinado carácter; cuantas más, cuanto más injustamente tratadas, cuanto más ilustres, mejor. Nos inventamos un grupo conspirador, histórico o presente, al que convertimos en protagonistas clandestinos de los hechos narrados. Señalamos lo difícil que es himbeztigar una verdad que se ha ocultado deliberadamente y que sólo el esfuerzo arriesgado del himbeztigador ha podido sacar a la luz. Si es posible se citarán fuentes ocultas que han accedido a ceder documentación secreta y testimonios personales bajo promesa de anonimato, no vaya a ser que se les ataque por sus revelaciones. Finalmente, si a alguien se le ocurre desacreditar al himbeztigador se recurre de nuevo a la poderosa conspiración que pretende que la verdad no se sepa y que no duda en atacar al pobre himbeztigador. Si no se le critica es porque ha dicho la verdad y si se le critica es porque ha dicho la verdad.

¿No lo creen?

J.J. Benítez inventó una secretísima conspiración de la NASA para ocultar la existencia de restos extraterrestres en la luna y que sólo fue posible desvelar por el testimonio de una supuesta fuente anónima, a la que llama “mirlo rojo”, que sacó de esa secretísima institución informes, fotos y vídeos secretos que “demuestran” la verdad que se quería mantener en secreto: se encontraron edificios en la luna. Si después se ha demostrado que los vídeos y las fotos presentadas son más falsos que el carnet del Betis de Tutankhamón, da igual. Todo lo que se diga contra esto es fruto de un perverso intento de callar al esforzado himbeztigador.



Aún no se ha explicado de forma razonable porqué los gobiernos emplearían medios ingentes para ocultar la existencia de unos extraterrestres conocidos por cualquier himbeztigador de lo misteriosamente misterioso, pero se ve que éstos entienden que es algo que han de ocultar y ocultan. Menos mal que los tenemos a ellos...

Los Illuminati, los templarios, los sionistas, son verdadero comodín para las pretendidas conspiraciones históricas.

Una de las más extendidas es la que tiene su base en los Protocolos de los sabios de Sión, un documento en el que se supone que se ponen en evidencia los planes de dominación mundial por parte de unos judíos megaultrapoderosos. Lo sorprendente de los Protocolos no es su redacción. Umberto Eco aporta datos fundamentales sobre la historia de su invención (Seis paseos por los bosques narrativos, Barcelona 1996). Se sabe con exactitud cómo aparecieron en el s. XIX y cómo éstos consisten en un refrito de escritos de diverso origen. Ya en 1921 (ha llovido desde entonces), el Times publicó la historia de este despropósito.



No, lo más sorprendente es su recepción. Contra todas las evidencias, este documento falso es recurrentemente referido como la prueba de una conspiración judía para dominar el mundo.

¿Cómo podría explicarse esta fascinación, esta especie de renuncia consciente a lo que los datos dicen?

Lo mismo ocurre con los templarios. Tenemos suficientes fuentes como para determinar qué fue de ellos: se acabaron en 1314, cuando Clemente V abolió la orden. No obstante, la literatura sobre esta orden insiste en su existencia más allá de esa fecha y en un poderío asombroso, amén de tesoros ocultos y secretos alquímicos y mágicos transmitidos secretamente hasta hoy y con los que ejercen su influencia; todo ello sin aportar más que fantasiosas especulaciones sin sostén documental. Una de las afirmaciones más curiosas es la influencia de los templarios en la construcción de las catedrales góticas (se inventan incluso un mapa de catedrales que haría coincidir su ubicación con las estrellas de la constelación de Virgo, aunque para ello prescindan selectivamente de muchas o se obvien las que se han derruido).



¿Cómo podría hacerse ver a los creyentes que estas historias son falsas?

Con los Illuminati ocurre exactamente igual. Y con el 11-S, con el pollo frito (un intento de esterilizar químicamente a los afroamericanos), con las estelas de los aviones (lluvia química, o chemtrails, que pretende conseguir el control mental de la población), o el sida (inventado para acabar con los homosexuales), etc.

Todo esto sería divertido, que lo es, si no fuera por la credibilidad que muchos conceden a los conspiranoicos, quizás, como dice Bruckner, en el afán de adjudicar los males del mundo a grupos más o menos fantásticos para así tratar de colocarse en el lugar de las víctimas y no en el de los responsables de lo que hay y de lo que pasa. La culpa es siempre de los demás. La conspiranoia es una excusa para la inacción.

Para cuando se descubra una verdadera conspiración, no la va a creer nadie.